Un bonito cuento de Paulo Coelho

Un amigo es una mano que siempre sostiene la tuya, sin que importe la cercanía o la distancia. Regalándonos sensación de eternidad en el corazón.

Un Hombre,  su caballo y su perro iban  por  una   carretera.  Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó  un  rayo  y  los  tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales( a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:


El desaliento.

El diablo tiene una poderosa herramienta, gastada por el excesivo uso que la da y de un valor incalculable. ¿Cómo podemos defendernos? No dejándonos vencer por el desaliento.

Cierta vez se corrió la voz que el diablo se retiraba de los negocios y vendía sus herramientas al mejor postor.

En la noche de la venta, estaban todas las herramientas dispuestas en forma que llamaran la atención, y por cierto eran un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño... además de todos los implementos del mal. Pero un tanto apartado del resto, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, como si hubiese sido usado muchísimas veces y cuyo precio, sin embargo, era el más alto de todos.

Alguien le pregunto al diablo cual era el nombre de la herramienta "Desaliento" fue la respuesta.

"¿Por qué su precio es tan alto?" le preguntaron. “Porque ese instrumento -respondió el diablo- me es más útil que cualquier otro; puedo entrar en la conciencia de un ser humano cuando todos los demás me fallan, y una vez adentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoja. Esta muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él”…

El precio de desaliento era tan, pero tan alto que aún sigue siendo propiedad del diablo…

Nos desalentamos con la situación económica, con nuestro trabajo, con nuestra familia, con la necesidad de cambio, con los grupos, con el engaño, con la mentira, con el desamor...

Debemos mantenernos alertas contra el desaliento. Pero si hay un tropezón o una caída no hay que entregarse.

Después de cada día se empieza otra vez desde un punto más alto!!


El verdadero poder del mago

La leyenda dice que un rey obsesionado con el poder urde un plan contra la persona más querida del reino: El mago. El rey se sentía celoso y fijo su odió en él
Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba sentirse  poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él, necesitaba además, que todos lo admiraran por ser poderoso, así como la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él
necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. 

Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él, era el más poderoso del reino. Invariablemente todos le decían lo mismo: 

-Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él, él conoce el futuro. 

El rey estaba muy celoso del mago del reino pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí. 

No decían lo mismo del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba, el rey no era 
justo, ni ecuánime, y mucho menos bondadoso. 

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: 

Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago y después la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado, tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta, un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, y que se había equivocado en su predicción. Se acabaría, en una sola noche. El mago y el mito de sus poderes... 

Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto el día del festejo llegó... Después de la gran cena. El rey hizo pasar al mago al centro y ante le... silencio de todos le preguntó: 

- ¿Es cierto que puedes leer el futuro? 

- Un poco – dijo el mago. 

- ¿Y puedes leer tu propio futuro, preguntó el rey? 

- Un poco – dijo el mago. 

- Entonces quiero que me des una prueba -  dijo el rey - ¿Qué día morirás?. ¿ Cuál es la fecha de tu muerte? 
El mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó. 

- ¿Qué pasa mago? -  dijo el rey sonriente  -¿No lo sabes?... ¿no es cierto que puedes ver el futuro? 

- No es eso -  dijo el mago  -  pero lo que sé, no me animo a decírtelo. 

- ¿Cómo que no te animas?-  dijo el rey-... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino, saber cuando perdemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino? 

Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:  - No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey... 

Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados. 

El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en las adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago. Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio... 

Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Se dio cuenta de que se había equivocado. Su odio había sido el peor consejero. 

- Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? – preguntó el invitado. 

- Me siento mal  - contestó el monarca – voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido. 

Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones... El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte. ¿Habría leído su mente? La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?... Estaba aturdido 

Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa. El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta: 

- Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales. 

- ¡ Majestad!. Será un gran honor... – dijo el invitado con una reverencia. 

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y para que custodiasen  su puerta asegurándose de que nada pasara... 

Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si el mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora. 

Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado. Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta... necesitaba una excusa. 

Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa. El rey, casi sin escuchar la respuesta alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más, supuestamente, para  “consultarle” otro asunto...

El mago – que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados – aceptó... 

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente. 

No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de las decisiones. 
Pasaron los meses y luego los años. Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve al que no sabe, más sabio. 

Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico ni  autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder. Empezó a aprender que la humildad también podía ser ventajosa empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.

El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar, porque el rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos. 

Un día, a más de cuatro años de aquella cena, y sin motivo, el rey recordó. Recordó aquel plan aquel plan que alguna vez urdió para matar a este su entonces más odiado enemigo y sé dio cuenta que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita. 

El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró le dijo: 

- Hermano, tengo algo que contarte que me oprime el pecho - Dime – dijo el mago – y alivia tu corazón. 

- Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte y frente a cualquier cosa que me dijeras, porque quería que tu muerte inesperada desmitificara para siempre tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban... Estoy tan avergonzado... 

- Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigos, hermanos, me aterra pensar lo que hubiera perdido si lo hubiese hecho. Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia. Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin mentiras.

El mago lo miró y le dijo: 

- Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo. Pero de todas maneras, me alegra, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y bajaste tu mano sobre el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer,  - el mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey. 
– Como justo pago a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí... Te confieso hoy  que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que solo ahora estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado nunca. 

Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos damos tiempo, terminaremos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos. 

Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y que mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes. 

El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esa relación que habían sabido construir juntos... 

Cuenta la leyenda... que misteriosamente... esa misma noche... el mago... murió durante el sueño. El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente... y se sintió desolado. 

No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en el mundo. Estaba triste, simplemente por la muerte de su amigo. ¿Qué coincidencia extraña había hecho que el rey pudiera contarle esto al mago justo la noche anterior a su muerte?. 

Tal vez, tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos... 

Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago. Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como se llora ante la pérdida de los seres queridos. Y entrada la noche, el rey volvió a su habitación. 

Cuenta la leyenda... que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey  murió en su lecho mientras dormía... quizás de casualidad... quizás de dolor... quizás para confirmar la última enseñanza del maestro.
 
Jorge Bucay, Cuentos para pensar (1997).

¿Por qué nadie me entiende?

Luchar por la felicidad no es fácil pero es lo mejor que puedes hacer con tu vida. No te rindas, persevera y sigue luchando, no caigas en la depresión

No sé por lo que estás pasando pero sea lo que sea lo que te atormenta no tiene nada que ver con tu valor como persona. Todo el mundo sufre, incluso aquellos a los que admiras.
Las cosas pasan por algo y a veces la lección de este dolor te llevará directamente al éxito.

Si otras personas han influido para que te sientas así, perdonales y sigue adelante. El rencor sólo te dañará a ti. La gente no hace daño conscientemente, a veces simplemente no saben hacerlo mejor. Y si buscaron tu dolor deliberadamente es porque ellos viven un infierno interno y tratan de arrastrar a todos a él. Compadecete de ellos y apartate de ese infierno.

Intenta pensar un momento en qué has hecho mal para llegar a esa situación, pero solo un momento, el tiempo justo para no volver a repetirlo. Después perdónate, no puedes seguir adelante sino te perdonas. Lo hiciste lo mejor que supiste, ahora es el momento de mirar hacia adelante.

Si miras otro momento hacia atrás que sea para mirar lo que te llena de orgullo, aquello que más te gusta de ti, tus éxitos. Pero tampoco pierdas demasiado tiempo, sólo para motivarte, para coger impulso. Repitete “si un día pude hacerlo ahora también puedo” que eso te sirva de referente y acto seguido ponte manos a la obra. Preocuparse es lo que hacemos un momento antes de ocuparnos, todas las demás preocupaciones sobran.

Anota en un papel todo lo que te queda, después de un naufragio siempre se salvan cosas: amigos (de los de verdad), familia, una casa, un trabajo, lo que sea. Y si no hay nada no te preocupes te tienes a ti mismo, saldrás adelante.

El dolor no dura eternamente, tomate un tiempo de reflexión y ponte manos a la obra en la reconstrucción de tu vida. Eso sí, esta vez diseñate una gran vida y lucha por conseguirla porque te lo mereces y ya has sufrido bastante. Estás en esta vida para ser feliz, eso es lo que se espera de ti, sólo eso.


Autor: Rosa María Miguel García.

¿Forma esto parte de mi?

La ira formará parte de ti solo si tú se lo permites, tú puedes escoger si quieres aferrarte a la cólera y al dolor, o seguir con tu vida hacia el futuro

Cuentan que un hombre sufría con gran frecuencia ataques de ira y cólera, así que decidió un día abordar esta situación. Para ello se fue al encuentro de un viejo sabio con fama de conocer la naturaleza humana. Cuando llegó a su presencia, habló de este modo:

- Señor, quiero solicitar tu ayuda, ya que tengo fuertes arranques de ira que están haciendo mi vida muy desgraciada. Yo sé que soy así, pero también sé que puedo cambiar si Ud. Me aconseja.

- Lo que me cuentas es muy interesante - dijo el anciano. -De todas maneras, para poder tratar bien tu problema es necesario que me muestres tu ira y así pueda saber de qué naturaleza es.-

- Pero ahora no tengo ira, señor - argumentó el hombre.

- Bien- contestó el anciano, lo que tendrás que hacer en este caso es que la próxima vez que la ira te invada, has de venir lo más de prisa posible a enseñármela.



El hombre iracundo se mostró de acuerdo y regresó a su casa. Pero pocos días después se encontró de nuevo con otro ataque de cólera y marchó rapidamente a ver al anciano. Sin embargo, ocurría que el viejo habitaba en lo más alto de ua colina muy alejada, así que cuando por fin alcanzó la cima y se presentó al sabio...

- Señor, estoy aquí de nuevo como me dijiste.

Estupendo, muéstrame tu ira. Pero al pobre hombre se le había pasado la ira durante la subida.

- Es posible que no hayas venido lo suficientemente rápido. La próxima vez corre mucho más de prisa y así llegarás todavía con ira.



Pasados unos días, al hombre le asaltó otro fuerte ataque de cólera y recordando la recomendación del sabio, comenzó a correr cuesta arriba todo lo rápido que pudo. Cuando media hora después llegó completamente agotado a la casa del viejo, éste le reprendió severamente:

- Esto no puede continuar así, otra vez llegas sin ira. Creo que debes esforzarte aún más y tratar de subir la cuesta mucho más de prisa. De otro modo no voy a poder ayudarte. El hombre marchó entristecido, jurándose a sí mismo que la próxima ocasión correría con todas sus fuerzas para llegar a tiempo a demostrar su ira.



Pero no ocurrió así. Una y otra vez subía la cuesta y a cada ocasión llegaba más y más fatigado y desde luego sin un asomo de ira.
Un día llegó especialmente extenuado, el maestro, por fin,. Le dijo:

- Creo que me has engañado. Si la ira formara parte di ti, podrías enseñármela. Has subido a mi casa veinte veces y nunca has sido capáz de mostrarla. Esa ira no te pertenece. No es tuya. Te atrapa en cualquier lugar y por cualquier motivo y luego te abandona. Por tanto, la solución es fácil: la próxima vez que quiera llegar a ti, no la recojas.


Cuento de reiki para niños.

Vive en el Universo con cientos de miles de lucecitas blancas puras y brillantes con alas de mariposa, estas lucecitas blancas se llaman reiki.

Esta es la historia de una lucecita blanca. Pura y brillante que tiene alas de mariposa.

Vive en el Universo con cientos de miles de lucecitas blancas puras y brillantes con alas de mariposa que son sus hermanas. Estas lucecitas blancas se llaman Reiki y son mágicas. Su trabajo consiste en limpiar, curar y dar esplendor a los seres vivos que habitan en el planeta Tierra. Para que las lucecitas Reiki lleguen hasta los humanos y les puedan ayudar a sentirse mejor, llegaron a un acuerdo con un maestro japonés llamado Sensei Usui.

Sensei Usui, era un señor muy compasivo que quería erradicar el sufrimiento de la faz de la Tierra. El deseaba con todo su corazón que no hubiera enfermedad, ni dolor, ni padecimientos. A Sensei Usui le encantaba pasear por un monte precioso que hay en Kyoto, llamado el Monte Kurama.

Dice la leyenda que en el Monte Kurama habitan unos buenos espíritus protectores que ayudan a todo aquel que tenga el corazón puro y cuyas intenciones sean nobles y generosas. Un buen día, Sensei Usui subió al Monte Kurama decidido a no bajar de allí hasta que no encontrara la solución para ayudar a los seres que sufren.

Se sentó al pié de un hermoso árbol y allí se quedó meditando y confiando en que el buen espíritu que habita el Monte Kurama le ayudara. Y así fue. El Buen Espíritu comprobó que sus intenciones eran buenas y que era perseverante, paciente y sobre todo que tenía fe, ya que llevaba varios días sentado debajo del árbol sin moverse, sin comer ni beber, en estado meditativo a la espera de una respuesta. ¡Qué valeroso!

Fue entonces cuando el Buen Espíritu le habló de la existencia de las lucecitas blancas puras y brillantes con alas de mariposa. Le contó que eran muchas y mágicas y que podía ayudarle a curar a los seres sintientes que habitan en el planeta Tierra. Le dijo como contactar con ellas para que acudieran a su llamada. También le dijo que él sería el portador de esa sabiduría y que tendría que transmitirla a aquellos seres humanos de corazón puro y generoso que estuvieran dispuestos a ayudar a esas lucecitas a venir cuando se las llamara. Porque resulta que las lucecitas Reiki, necesitan venir a través de ellos, pasar por esos corazones valerosos y salir por las palmas de sus manos en forma de calorcito reconfortante.

Sensei Usui se puso muy contento y bajó a contar a sus mejores amigos la buena noticia. Curiosamente, no tenía ni hambre ni sed, a pesar de llevar varios días de ayuno. ¡Tal era la dicha y la felicidad que sentía en su corazón!. Sensei Usui no se olvidó de agradecer al Buen Espíritu del Monte Kurama la ayuda prestada y siempre que podía iba a rezar allí. Porque al Buen Espíritu le gusta charlar con todo aquel que quiera contarle sus cosas. Para eso está, es su trabajo y le encanta hacerlo… ¡Si no se aburre como una ostra!

Y esa es la historia de la Lucecita blanca pura y brillante llamada Reiki que viene a visitarte.

Y ahora cierra los ojitos y siente como Reiki, con sus alitas de mariposa va entrando por dónde ponga mis manos. No tienes que hacer nada. Solo soñar.


Autora: Mercedes Pérez. Maestra de Reiki.

Bébete un tentempié

Un precioso poema del genio Mario Benedetti, como bien dice "... desde el carajo al cielo sin escalas..."

Os traemos un fantástico poema del gran lírico Mario Benedetti. Habla de esos días en que necesitamos tomarnos un respiro, un descanso, en definitiva un tentempié, en un sitio seguro y libre de preocupaciones antes de volver a enfretarnos a las cosas malas, y por supuesto, las buenas, que nos depara la vida, pero con energía renovada.


 

Bébete un tentempié

Bébete un tentempié pero sentada

arrímate a tu sol si eres satélite

usa tus esperanzas como un sable

desmundízate a ciegas o descálzate

desmilágrate ahora / poco a poco

quítate la ropita sin testigos

arrójale esa cáscara al espejo

preocúpate pregúntale prepárate

sobremuriente no / sobreviviente

desde el carajo al cielo / sin escalas

y si no vienen a buscar tu búsqueda

y te sientes pueril o mendicante

abandonada por tu abandoneón

fabulízate de una vez por todas

métete en tu ropita nuevamente

mundízate milágrate y entonces

apróntate a salir y a salpicarte

calle abajo / novada y renovada

pero antes de asomar la naricita

bebe otro tentempié / por si las moscas



La acompañamos con una magnífica cación de Alexi Murdoch, titulada "Breathe" (Respira).



In the quiet of the shadow
In the corner of a room
Darkness moves upon you
Like a cloud across the moon

You're a-wearing all the silence
Of a constant that will turn
Like the windmill left deserted
Or the sun forever burn

(Chorus:)

So don't forget to breathe
Don't forget to breathe
Your whole life is here
No eleventh hour reprieve
So don't forget to breathe
Keep your head above water
But don't forget to breathe

And all the suffering that you've witnessed
And the hand prints on the wall
They remind you how it's endless
How endlessly you fall

And the answer that you're seeking
For the question that you found
Drives you further to confusion
As you lose your sense of ground

(Chorus)

Just breathe
Just breathe
Just breathe...
Just breathe...
Just breathe...

(Simplemente respira...)

¿Por qué no hacerlo conmigo?

Tratate como a tu mejor amigo, porque te lo mereces, porque lo vales y porque lo eres. Si tu no te quieres a ti mismo nadie lo hará por ti, aprende a valorarte

La primera cosa que se nos ocurre hacer con alguien que queremos es cuidarlo, ocuparnos de él, escucharlo, procurarle las cosas que le gustan, ocuparnos de que disfrute de la vida y regalarle lo que más quiere en el mundo, llevarlo a los lugares que más le agradan, facilitarle las cosas que le dan trabajo, ofrecerle comodidad y comprensión.

Cuando el otro nos quiere, hace exactamente lo mismo.

Ahora, me pregunto: ¿Por qué no hacer estas cosas con nosotros mismos?

Sería bueno que yo me cuidara, que me escuchara a mi mismo, que me ocupara de darme algunos gustos, de hacerme las cosas más fáciles, de regalarme las cosas que me gustan, de buscar mi comodidad en los lugares donde estoy, de comprarme la ropa que quiero, de escucharme y comprenderme.

Tratarme como trato a los que más quiero.

Pero, claro, si mi manera de demostrar mi amor es quedarme a merced del otro, compartir las peores cosas juntos y ofrecerle mi vida en sacrificio, seguramente, mi manera de relacionarme conmigo será complicarme la vida desde que me levanto hasta que me acuesto.

El mundo actual golpea a nuestra puerta para avisarnos que este modelo que cargaba mi abuela (la vida es nacer, sufrir y morir) no sólo es mentira, sino que además está malintencionado (les hace el juego a algunos comerciantes de almas).

Autor: Jorge Bucay

Sé el ejemplo.

Nadie puede llevar a otros más allá de lo que se ha llevado a sí mismo.


Se explica la anécdota de que una madre llevó a su hijo de seis años a casa de Mahatma Gandhi.

Ella le suplicó:

- Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar.
- Es diabético y arriesga su vida haciéndolo.
- A mí ya no me hace caso y sufro por él.

Gandhi reflexionó y dijo:

- Lo siento señora.
- Ahora no puedo hacerlo.
- Traiga a su hijo dentro de quince días.

Sorprendido la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Quince días después, volvió con su hijo. Ghandi miró al muchacho a los ojos creando una gran conexión y le dijo:

- Chico, deje de comer azúcar.

Agradecida, pero extrañada, la madre preguntó:

- ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después?
- Podía haberle dicho lo mismo la primera vez que vino.

Gandhi respondió:

- Hace quince días, yo comía azúcar.

Fuente: cuento del libro “Aplícate el cuento”, relatos de ecología emocional de Jaume Soler y Mercè Conangla.

¿Cuál es tu naturaleza?

La responsabilidad de ser tú mismo es tuya. No culpes a otros de tus errores.

 

Había una vez, un maestro oriental que vio cómo un alacrán se estaba ahogando.

Decidió sacar al animalito del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.

Ante el dolor lo soltó, por lo que el animal de nuevo se estaba ahogando...

Entonces intentó sacarlo y otra vez lo volvió a picar.

La escena se repitió varias veces:

Sacarlo del agua, ser picado y soltarlo.

Alguien que observa le dice:

- "¡¡¡Cómo es usted tan terco!!"

¿No entiende que cada vez que lo saque del agua lo va a picar??".

Entonces, el maestro oriental le respondió:

- "La naturaleza del alacrán, que es picar... no va a cambiar mi naturaleza, que es ayudar"

Si alguna vez hubo quien cambiara nuestra naturaleza pensemos en quiénes somos realmente, y decidamos si queremos lo que tenemos ahora o tirar lo que no es nuestro. No podemos seguir obedeciendo las órdenes de quienes nos han dañado, no debemos seguir actuando y sintiendo lo que no somos. Necesitamos reflexionar en lo que impide nuestra felicidad. Siempre está en nosotros mismos cómo nos queremos sentir, es nuestra responsabilidad buscar en el HOY esas intermitencias de libertad... están ahí, dentro de ti.

< Anterior 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | Siguiente >

17 18 19 20 21 22 23 24

< Anterior Siguiente >