El mendigo y el rey

Cuentos de vida > La petición del mendigo le hará aprender una importante elección.

El mendigo y el rey

El Rey Arnon I había dado ordenes a sus servidores para que, un dia a la semana, permitieran que cualquiera de sus súbditos que así lo deseara, se acercara a él para exponer sus problemas y hacer sus peticiones.

Un dia se acercó un mendigo de vestiduras miserables y se arrodilló ante él. El Rey, poco dado a ceremonias, le ordenó levantarse enseguida y contar sus problemas.

-Señor, aqui donde vuestra Majestad me ve, siempre he sido un trabajador olvidado por la Fortuna. Mis vecinos prosperaban mientras que mis negocios se hundían en la mala suerte y mis propiedades se reducían hasta que tuve que venderlo todo para pagar mis deudas. A ellos los veia felices con sus hijos y sus casa preciosas mientras que yo tenía que vivir en las calles pidiendo un trozo de pan para comer.-dijo el mendigo y añadió ¿Puede su Majestad cambiar mi suerte en la vida?

El Rey que era un hombre sabio y ecuánime se quedó pensando un rato y, por fín, le dijo.

-Sí, lo que tu llamas tu mala suerte va a cambiar. A partir de ahora vas a ser el Rey.

Y, dicho y hecho, cambió sus lujosos ropajes con el mendigo y le hizo depositario de la corona.

-Mi última órden como Rey es que obedezcais en todo a este mendigo como si fuera yo.

Aquello produjo un escándalo mayúsculo en la corte y en el reino y no sentó bien a nadie pues todos conocían y amaban al viejo Rey, mientras que poco sabían del mendigo que a partir de entonces iba a reinar. Este se quedó un poco asustado pero feliz al verse en el trono y tomó posesión de su cargo con el nombre de Arnon II

El viejo Rey vivía feliz en las calles con sus vestidos andrajosos, libre de preocupaciones, pues siempre había algún alma caritativa que le daba un trozo de pan para alimentarse. No echaba de menos a su familia pues la había perdido años atrás y ahora se sentía libre del peso del gobierno, con tiempo para mirar el cielo y escuchar el canto de los pájaros.

Pasarón algunos meses y un día se acercó hasta él uno de los soldados de palacio que venía a buscarle pues el nuevo Rey le reclamaba.

El Rey mendigo se arrodilló ante el nuevo Rey.

-Me habéis mandado llamar. Decidme qué quereis, Majestad.

El rey Arnon II, que antiguamente había sido mendigo, se acercó a abrazarle y le llevó con él al trono.

Majestad- le dijo- he comprendido en estos meses que vos sois el verdadero Rey. Yo no sirvo : he estado a punto de desencadenar una guerra contra otro país por mis torpezas, han tratado de matarme para quitarme el trono y, vuestros súbditos viven peor que cuando vos gobernabais. Volved al trono, por favor, y dadme esas ropas pues quiero volver a mendigar por las calles, a mirar pasar las aguas del río y a despertarme cada mañana en un sitio diferente. A ser libre.

El viejo Rey Anon I volvió pues al trono con la aclamación de todos pero antes de que se fuera ofreció al mendigo vivir en palacio como uno de sus amigos.

-Señor-dijo este- con todo este suceso he aprendido que todos sufrimos aunque nuestras ropas estén bañadas en púrpura y que cada uno lleva su carga. Que la vida, el destino, o Dios nos pone en cada sitio porque, seguramente, es lo que necesitamos aprender y que, en el fondo, es tan importante un Rey como un mendigo.

Autor: Javier Miguel Pérez