Pleito a la luz

La oscuridad enfadada decide demandar a la Luz, pues cada vez le estaba robando más espacio. El día del juicio se determinan y se enfrentan las dos partes: Luz y oscuridad.

He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.

Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz.

¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.

El Maestro dice: La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿Hay lugar para la ofuscación?


Una caña de bambú para el más tonto.

El monarca manda a un yogui con un trozo de bambú para que encuentre al hombre más tonto.

Existía un próspero reino en el norte de la India. Su monarca había alcanzado ya una edad avanzada. Un día hizo llamar a un yogui que vivía dedicado a la meditación profunda en el bosque y dijo:

-Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer. Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, deberás entregarle esta caña.

-Aunque no reconozca otro rey que mi verdadero yo interior, señor, habré de hacer lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida.

El yogui cogió la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, llegando sus pies a todos los caminos de la India. Recorrió muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Transcurrieron algunos meses y volvió hasta el palacio del rey. Tuvo noticias de que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al yogui que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El yogui se aproximó al lecho del moribundo.

Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba:

-¡Qué desafortunado soy, qué desafortunado! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!

El yogui entregó la caña de bambú al rey.

*El Maestro dice: Puedes ser un monarca, pero de nada sirve si tu actitud es la de un mendigo. Sólo aquello que acumulas dentro de ti mismo te pertenece. No hay otro tesoro que el amor.

Parábola del caballo. Nunca te rindas.

Si estas "allá abajo", sintiéndote poco valorado, y los otros lanzan sobre ti la tierra de la incomprensión, la falta de oportunidad y de apoyo, recuerda el caballo de esta historia.


Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudaban en los trabajos de su pequeña hacienda.

Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.

El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y revisó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó, entonces, la difícil decisión: Determinó que el capataz sacrificase al animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo. Y así se hizo. Los empleados, comandados por el capataz, comenzaron a lanzar tierra adentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal, éste la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente, consiguió salir!

Si estas "allá abajo", sintiéndote poco valorado, y los otros lanzan sobre ti la tierra de la incomprensión, la falta de oportunidad y de apoyo, recuerda el caballo de esta historia.

No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdela y sube sobre ella. Y cuanto más tiren, más iras subiendo, subiendo, subiendo...


Dar todo por un desconocido

Un joven sin empleo se encuentra en una situación crítica, no le queda apenas dinero. Como es muy orgulloso se niega a mendigar y decide gastar su ultimo billete en comida y esperar la muerte.

Un profesional desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Todo lo que le quedaba eran 10 €. Decidió utilizarlos para comprar comida y esperar así la hora de morir, ya que era demasiado orgulloso como para pedir limosna. 

Estaba  frustrado por no encontrar empleo y no tenía a nadie que pudiera ayudarle. 

Compró su comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos pequeños niños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, ya que no habían comido en casi una semana. 

El profesional los miró. Estaban tan flacos que se les notaban los huesos. Sus ojos se les habían hundido. Con el último pedazo de compasión que le quedaba, les dio su comida. 

El anciano y los niños oraron para que Dios le diera bendiciones y prosperidad, y le dieron una moneda muy antigua. El joven profesional les dijo: "ustedes necesitan esa oración más que yo". 

Sin dinero, sin empleo y sin comida, el joven fue debajo de un puente a descansar y esperar la hora de su muerte. 

Estaba a punto de quedarse dormido, cuando vio un Viejo periódico en el suelo. Lo levantó, y de repente leyó un anuncio para los que tuvieran monedas antiguas, las llevaran a cierta dirección. Decidió ir a ese lugar con la moneda antigua que el anciano le había dado. Al llegar al lugar, le dio la moneda al propietario del lugar. El propietario gritó, sacó un gran libro y le mostró al joven graduado una foto. 

Era la misma moneda, cuyo valor era de 3 millones de €. El joven graduado estaba muy emocionado mientras el propietario le dio un cheque certificado por los 3 millones. El joven cobró el dinero y se fue en búsqueda del anciano y los niños. 

Para cuando llegó a donde los dejó comiendo, ya no estaban. Le preguntó al dueño de una cantina cercana si los conocía. El dueño le dijo que no los conocía, pero que le habían dejado una nota. Rápidamente abrió la nota pensando que averiguaría donde encontrarlos. 

Esto era lo que la nota decía:

"Nos diste todo lo que tenías, y te hemos recompensado con la misma moneda."

Chiles picantes

Un conocido sufi viaja por primera vez a la India, como era muy goloso compra en un puesto ambulante una gran cantidad de chiles picantes, pensando que eran dulces. Pronto descubre su error

 

El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India.

Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón. 

Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos “dulces” que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca. Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles. 

Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:

- Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?

Casi sin poder hablar, Nasrudín comento:

– Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.

Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:

– Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces.

- ¿Por qué sigues comiéndolos?

Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:

– Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.

Maestro: No seas como Nasrudín. Toma lo mejor para tu evolución interior y arroja lo innecesario o pernicioso, aunque hayas invertido años en ello.


Las ranas

Un mensaje puede cambiar la vida de una persona. Ten cuidado con tus palabras sobretodo en situaciones complicadas.

Un grupo de ranas iban atravesando un bosque y dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo. El resto de las ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron que éste era muy profundo, les dijeron a las dos ranas que se dieran por muertas.

Las dos ranas ignoraron los comentarios y trataron de saltar con todas sus fuerzas para salir del hoyo. Las demás ranas siguieron diciéndoles que no intentaran más, que se dieran por muertas.

Finalmente, una de las ranas hizo caso a lo que las otras ranas estaban diciendo y se dio por vencida. Se dejó caer al suelo y murió.

La otra rana continuó saltando tan fuerte como pudo. Nuevamente el grupo de ranas le gritaron que ya no sufriera intentando salir y que mejor se dejara morir. La rana saltaba más y más fuerte y finalmente logró salir.

Verán, esta rana era sorda y no le era posible escuchar la súplica de las demás. Ella pensó que sus compañeras estaban animándola todo el tiempo.

Esta historia nos enseña una gran lección:

Nuestra boca tiene el poder de la vida y la muerte.

Una palabra de aliento a alguien que esta pasando por un mal momento puede reanimarlo y ayudarlo a salir adelante. Una palabra destructiva a alguien que está pasando por un mal momento puede ser lo único que se necesite para matarlo.

Debemos ser cuidadosos con lo que decimos. Que tu boca siempre tenga una palabra de aliento para todos aquellos que cruzan tu camino. A veces es difícil entender que una palabra de aliento pueda hacer tanto por alguien. Así que de hoy en adelante, pensemos lo que vamos a decir…

El billete de 100

Dos amigos comparten un cafe durante la tarde. Uno de ellos está muy preocupado por su situación por culpa de la crisis económica, tiene muchas deudas y problemas en el trabajo.

Juan y Antonio, dos amigos, toman un café en un bar. Antonio que está pasando por un mal momento, descarga en Juan sus angustias. 

Tiene deudas importantes, está mal en el trabajo, la relación con su pareja está en una profunda crisis. Todo parece estar mal en su vida. Juan escuchando tranquilamente a su amigo, saca un billete de 100 euros de su cartera y dice:

- Antonio, ¿quieres este billete?

Antonio, un poco confundido al principio, inmediatamente le dice:

- Claro que lo quiero, Juan. Son 100 euros, ¿quién no los quiere?

Entonces Juan coge el billete en una de sus manos y lo arruge hasta hacerlo una pequeña pelota. Enseñando la macerada pelotita verde al Antonio, vuelve a preguntarle:

- Y ahora, ¿todavía lo quieres?

- Juan, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 100 euros. Está claro que los acepto si me los das.

Entonces Juan desplega el arrugado billete, lo tira al suelo y lo pisa con su pie. Ahora está sucio y marcado.

- ¿Lo sigues queriendo?

- Mira Juan, sigo sin entender que quieres. Este es un billete de 100 euros y mientras no lo rompas conserva su valor.

- ¡Bien! Antonio, tienes que saber que aunque a veces las cosas no salgan como quieres, aunque la vida te golpee, sigues siendo único y especial y no pierdes nunca tu valor, tal como este billete de 100 euros.

Antonio quedó mirando a Juan sin acertar a decir ninguna palabra mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en él. Juan coge el arrugado billete y con una sonrisa cómplice agregua:

- Toma, consérvalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal. Pero me debes un billete nuevo de 100 euros. ¡Para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite!

Juan finalmente se despide de Antonio con un abrazo y sale del bar dejando a Antonio a solas. Antonio vuelve a mirar el billete arrugado y sucio. Sonríe y lo guarda en su cartera. Con una renovada energía avisa al camarero para pagar la cuenta.

La cosecha perfecta

Un campesino con grandes conocimientos en agricultura decide visitar a Dios, pues él cree que sabe como evitar el hambre en el mundo, germinando la cosecha perfecta.

Un día un campesino, gran experto en la agricultura, fue a ver a Dios y le dijo:

- Dios, has creado el mundo, pero no eres un campesino y no conoces los principios de la agricultura como yo. Te podría enseñar muchas cosas.

- ¿Cuál es tu consejo? – dijo Dios

El granjero le respondió:

- Dame un año y déjame que se hagan las cosas como yo quiero y veamos que pasa. Si todo funciona como creo, ya no existirá la pobreza.

Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Éste pidió a Dios que le ayudase con las mejores condiciones posibles. Ni tormentas, ni ventarrones, ni otros peligros para el grano. Todo lo más favorable y agradable posible. El campesino estaba muy contento con el trato. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol, había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año todo fue perfecto, ¡Matemáticamente perfecto!

El trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo:

- ¡Mira!, tendremos tanto grano que aunque la gente no trabaje en 10 años, aun así tendremos comida suficiente.

Pero la sorpresa fue grande cuando se cosechó las plantas grandotas y no hubo grano alguno dentro de ellas. El granjero no entendió nada y preguntó a Dios:

- ¿Qué pasó?, ¿qué ha causado esta desgracia?

Dios le respondió:

- Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tu evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo.

Maestro: todas las verdades son semiverdades; todo es doble; la vida une los dos polos opuestos. La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. 

El duende y la flor más bonita del bosque

Un pequeño y juguetón duende paseaba travieso por el bosque como era su costumbre, cuando se encuentra con la flor más bonita y preciosa que había visto en su vida.

En el país de los cuentos había una vez un pequeño duende. Un duende muy travieso que siempre andaba riendo y saltando de un lado para otro. Vivía en una casita toda rodeada de montañas. A su lado, un pequeño río que discurría placidamente por la falda de la ladera describiendo un paisaje difícil de imaginar.

Lo que más gustaba al duendecillo era ver como cada mañana, con los primeros rayos de sol, todas las flores de su jardín iban abriendo una por una sus hojas. Uno de aquellos días, como muchos otros, salió a pasear a la montaña. Y caminando entre las rocas encontró una flor: era una flor preciosa, nunca había visto otra de igual belleza. Le había cautivado tanto que paso toda la tarde mirándola. Era maravilloso verla cuando se contorneaba cada vez que el viento acariciaba sus hojas...

Al siguiente día y al siguiente, y al otro, volvió para estar a su lado y mirarla. Un día como tantos otros, nuestro duendecillo vio como de una de sus hojas caía una pequeña lagrima. No entendía como la flor más maravillosa del mundo podía estar triste. Se acercó a ella y le pregunto: 

-¿Por que lloras?

Y contesto la flor:  -Me siento triste aquí entre las rocas, sin nadie que me mire salvo tu. Me gustaría vivir en un jardín como el tuyo y ser una mas de entre las flores. Además, te concederé el deseo que mas quieras si me llevas allí. 

Fue entonces, cuando el pequeño duende la tomo entre sus manos y con todo el cariño del mundo la planto en el lugar mas bonito de su jardín. Una vez cumplido el deseo, la flor le dijo al duendecillo: 

-Y bien, ahora que me has llenado de felicidad al traerme aquí, ¿Qué es lo que mas deseas en este mundo?

Y el duendecillo entonces, la miro fijamente y contesto: 

-Quiero ser flor como tu para sentirme por siempre a tu lado.

El valor de la amistad

La mayor riqueza que un hombre puede poseer, lo más valiosa por encima de todas las cosas, es la amistad. Esta por lo general no surge de la noche a la mañana, pues tener un amigo es el resultado de

La mayor riqueza que un hombre puede poseer, lo más valiosa por encima de todas las cosas, es la amistad. Esta por lo general no surge de la noche a la mañana, pues tener un amigo es el resultado de una paciente y respetuosa actitud ante la vida, donde previamente se desarrollan una serie de virtudes personales que hacen de una persona digna y generosa, capaz de darse a los demás de manera incondicional y sobre todo, con lealtad a toda prueba. 

 

Ser leal presupone ser persona de palabra, que responda con fidelidad a los compromisos que la amistad lleva consigo. Leales son los amigos que son nobles y no critican, ni murmuran, que no traicionan una confidencia personal, que son veraces. Son verdaderos amigos quienes defienden los intereses y el buen nombre de sus amigos. Ser leal también es hablar claro, ser franco y sobre todo, capaces de corregir a un amigo que se equivoca de una manera respetuosa y sabedor de que es de humanos equivocarse pero de sabios saber corregir los errores.

 

Paulo Coelho escribió una pequeña metáfora que ejemplifica muy bien el valor de la amistad y las recompensas que un hombre puede tener si conserva la fidelidad y la lealtad. La historia dice así: Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

 

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición...)

 

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.

 

En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.

 

El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

 

-Buenos días.

-Buenos días - Respondió el guardián.

- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?

- Esto es el Cielo, contesto el guardia.

-¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!

- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. -Y el guardián señaló la fuente.

-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed, y…

-Lo siento mucho, dijo el guardia interrumpiendo, pero aquí no se permite la entrada a los animales. El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. 

 

Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

 

- Buenos días, dijo el caminante.

El hombre respondió con un saludo solo con la mano, sin mover la cabeza.

- Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.

-Ah, si… hay una fuente entre aquellas rocas, dijo el hombre, indicando el lugar y añadiendo: -Pueden beber toda el agua que quieran, esta fresca y es natural. Entonces, el hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. 

 

El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

-Pueden ustedes volver siempre que quieran. Le respondió éste.

- A propósito ¿Cómo se llama este lugar?- preguntó el hombre.

- Se llama CIELO.

-¿El Cielo?

-¿Sí? ¡Pero… si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!

- Aquello no era el Cielo. Era el Infierno, contestó el guardia.

El caminante quedó perplejo, añadiendo: -¡Pero esto es inaudito, deberían prohibir que utilicen este nombre, pues es información falsa que de seguro debe provocar grandes confusiones!

- ¡De ninguna manera! increpó el hombre, en realidad, nos hacen un gran favor, porque allá se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus amigos. (Paulo Coelho)

 

Jamás abandones a tus verdaderos Amigos, aunque eso te produzca inconvenientes personales. Si ellos han estado dándote su amor y compañía has contraído una deuda. Hacer un Amigo es una Gracia, Tener un amigo es un Don, conservar un Amigo es una Virtud, ser un Amigo es un Honor. Gracias a todos mis amigos, a todos ellos les dedico este cuento.

< Anterior 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | Siguiente >

12 13 14 15 16 17 18 19

< Anterior Siguiente >